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10 Octubre 2007

LA REYNA ISABEL I

reina de Inglaterra e Irlanda (1558-1603), hija de Enrique VIII, rey de Inglaterra, y de su segunda esposa, Ana Bolena. Fue el último miembro de la casa Tudor en ascender al trono de Inglaterra.
Nace en Greenwich (Londres) el 7 de septiembre de 1533. Pasa su infancia alejada de la corte y recibie una sólida formación clásica de eruditos como Roger Ascham, que ejerció sobre ella una gran influencia. La sexta esposa de Enrique, Catalina Parr, se encariñó con la joven Isabel y la llevó de nuevo a la corte. Permaneció al cuidado de Catalina a la muerte de Enrique VIII y no tomó parte en las intrigas políticas que siguieron a la coronación de su hermano Eduardo VI.

Cuando éste murió, Isabel se convirtió en partidaria de su hermana María, negándose a apoyar la rebelión encabezada por el militar y conspirador inglés, sir Thomas Wyatt. A María I, católica devota, le preocupaba el protestantismo de Isabel y la amenaza que suponía como posible heredera al trono. En 1554, Isabel fue encarcelada bajo la falsa acusación de estar implicada en la conspiración de Wyatt. Más tarde fue liberada, aparentando profesar el catolicismo, y recuperó el favor de María.

A la muerte de María I en 1558, Isabel se convierte en reina. Son años de grandes divisiones en Inglaterra motivados por el enfrentamiento religioso, económicamente inestable y e inmersa en una terrible guerra con Francia. Isabel se rodea para combatir estos problemas de consejeros hábiles y sabios, entre los que destacaron sir Francis Walsingham y William Cecil, primer barón de Burghley.

El primer problema de Isabel como reina fue el religioso. Se convierte al protestantismo inmediatamente después de la muerte de María, y su primer Parlamento (1559) tuvo mayoría protestante. Entre 1559 y 1563, este Parlamento aprobó la legislación religiosa que más tarde se convertiría en la base doctrinal de la Iglesia de Inglaterra. Por el Acta de Supremacía (1559), la Iglesia anglicana de Inglaterra se somete a la autoridad de la reina "gobernador supremo del reino tanto en lo espiritual como en lo temporal". En 1563 se aprueban los 39 Artículos, que definen los dogmas de la Iglesia anglicana, muy próximos al catolicismo. Durante todo el reinado de Isabel I, católicos y puritanos fueron perseguidos. Al resolver Isabel, los asuntos religiosos, y después de finalizar la guerra con Francia, por la Paz de Cateau-Cambrésis (1559).

Bajo el reinado de Isabel I, Inglaterra inicia su desarrollo industrial y económico que aumentó después de la derrota de la Armada Invencible española. El gobierno comenzó a regular el comercio y la industria nacional. Inglaterra llega a ser una gran potencia marítima, gracias a la labor de marinos como sir Francis Drake y sir Martin Frobisher. Se implementa un nuevo sistema monetario en 1560, que sustituyó a las monedas de plata que se habían desvalorizado considerablemente durante los tres reinados anteriores; los precios se estabilizan y se restablece la confianza en la moneda inglesa. El comercio exterior, fomentado por el gobierno, se desarrolla siguiendo criterios capitalistas. Se inaugura la Bolsa Real de Londres en 1566, y la Cámara de Comercio, que más tarde se convertiría en la Compañía de las Indias Orientales, fue constituida en 1600. Detrás de todas estas actividades se encontraba la figura de Isabel I.

Siempre, el estado civil de Isabel fue objeto de preocupación política, porque no había herederos ingleses al trono. El Parlamento le rogaba con insistencia que se casara, pero ella alegó su intención de permanecer soltera. Su declaración no le impidió jugar de forma constante con la idea del matrimonio. Fue acosada por pretendientes monárquicos, a los que ella entregaba su favor sólo cuando le interesaba políticamente. Sin embargo, otorgó su afecto a una sucesión de favoritos, entre los que destacan Robert Dudley, primer conde de Leicester, sir Walter Raleigh y Robert Devereux, segundo conde de Essex.

El gran problema político de Isabel fue su prima católica, María Estuardo, Reina de Escocia. María solicitó refugio en Inglaterra tras ser derrotada en combate por su hermanastro, Jacobo Estuardo, conde de Moray. Isabel encarceló inmediatamente a María, porque los monarcas católicos de Europa y sus propios súbditos católicos consideraban que Isabel no estaba legitimada para ostentar el trono y creían que María era la legítima Reina de Inglaterra.

Isabel pensó que María era el centro de la conspiración, por lo que la mantuvo en cautividad durante años, provocando muchas intrigas entre los católicos ingleses que querían su liberación.

Cuando en 1586 Walsingham, por entonces secretario de Estado, descubrió una intriga para asesinar a Isabel y entronizar a María en su lugar, Isabel accedió con disgusto a que María Estuardo fuera decapitada en 1587. La ejecución tuvo graves consecuencias. Felipe II de España, viudo de María I Tudor, se había visto afectado, durante años, por los ataques de corsarios ingleses a sus posesiones coloniales.Debido a su profundo catolicismo, la muerte de María Estuardo le proporcionó un motivo más para continuar la guerra con Inglaterra, que había dado comienzo en 1585 y se había manifestado abiertamente en Francia, inmersa en una guerra civil, y en la sublevación de los Países Bajos; Felipe II envió una flota para invadir la islas Británicas en 1588

Sin embargo, la Armada Invencible, nombre con el que la reconoce la historiografía, sufrió una gran derrota, e Inglaterra pasó a ocupar el lugar de España como potencia marítima. Además, con la derrota de la España católica, Inglaterra favoreció que el protestantismo fuera una importante fuerza política internacional.

Ya al final de su reinado la popularidad de Isabel I disminuyó debido a sus grandes gastos y a su abuso del poder real. Igualmente, sus últimos ministros no fueron tan hábiles como Cecil o Walsingham. Sus últimos años se vieron perturbado por una rebelión en Irlanda, encabezada por Hugh O'Neill. Robert Devereux, segundo conde de Essex y favorito de Isabel, comandó, sin éxito, un ejército contra los irlandeses. Cuando regresó a Inglaterra, encabezó una rebelión en contra de la reina y fue ejecutado en 1601. Después de la muerte de Devereux, Isabel quedó desconsolada. Pasó los últimos años de su vida triste y sola, después de haber vivido una época gloriosa, el inicio de lo que iba a ser la Inglaterra moderna. Murió el 23 de marzo de 1603 en Londres.Triunfos políticos, grandes intrigas palaciegas, pasiones y amores, y un florecimiento de la literatura inglesa, marcaron el reinado de esta mujer: Edmund Spenser, Christopher Marlowe y William Shakespeare, fueron algunas figuras de toda una serie de escritores que crearon sus grandes obras durante el reinado de Isabel I
Greenwich, actual Reino Unido, 1533 - Richmond, id., 1603) Reina de Gran Bretaña e Irlanda (1558-1603). Hija de Enrique VIII y Ana Bolena, Isabel I de Inglaterra vivió desde niña las intrigas políticas y religiosas de las distintas facciones de pretendientes al trono.

Tras la ejecución de su madre en 1536, el Parlamento la declaró ilegítima, pero le restableció sus derechos a la Corona ocho años más tarde, durante el reinado de su hermanastro Eduardo VI. A la muerte de Eduardo subió al trono María Tudor, hija de Enrique VIII y Catalina de Aragón, e Isabel fue encarcelada como parte de la campaña desatada contra los protestantes.

Isabel I de Inglaterra

Tales vicisitudes, con las consiguientes graves y constantes amenazas para su vida, forjaron la personalidad de la futura Isabel I de Inglaterra, cuyos rasgos más destacados fueron la inteligencia, la prudencia, la desconfianza y el alto sentido de la autoridad que encarnaba.

Al suceder a María I (a tenor del orden sucesorio establecido por el Parlamento en 1544), se rodeó de consejeros capaces, como Cecil, cuyo ministerio dominó gran parte de su reinado, conocido como la «época isabelina». Rechazó la oferta de matrimonio de Felipe II de España, y permanecería soltera durante toda su vida, lo que le valió sobrenombres como «la reina virgen», en absoluto justificados dadas las prolongadas relaciones que mantuvo con diversos amantes, en especial con los condes de Leicester y de Essex.

Mientras la legitimidad de su coronación era cuestionada por los católicos escoceses, encabezados por los Estuardo, y la sucesión quedaba en suspenso ante la falta de herederos de Isabel, restableció el anglicanismo como religión de Estado. Lo hizo sobre las bases del Acta de Supremacía, dictada en su momento por Enrique VIII, que completó con el Acta de uniformidad de 1559 y los Treinta y nueve artículos de 1563.

Establecido el cuerpo jurídico del orden religioso de su reino, Isabel I de Inglaterra emprendió la persecución tanto de católicos como de calvinistas. Además, para conjurar el peligro que representaban los católicos escoceses, apoyó, por el tratado de Edimburgo de 1560, al Partido Protestante de Escocia, cuya victoria, ocho años más tarde, conllevó la abdicación de María Estuardo, quien buscó refugio al lado de Isabel.

A pesar del tratado de paz firmado con Francia, apoyó bajo cuerda a los hugonotes y a los protestantes de los Países Bajos enfrentados a Felipe II de España. Preocupada por la hegemonía española en la colonización de América, ignoró el tratado de Tordesillas y autorizó la fundación de la colonia inglesa de Virginia.

La tensión entre Inglaterra y España alcanzó su punto culminante en 1587, cuando las dos potencias se declararon la guerra. Ese mismo año Isabel I de Inglaterra, no sin reparos, hizo ejecutar a María Estuardo, ante el temor de que sus derechos sucesorios alentaran una conspiración católica. El triunfo de la flota inglesa sobre la Armada Invencible enviada por Felipe II al año siguiente dio a Inglaterra la supremacía marítima. Gracias a esta nueva circunstancia pudo afrontar la difícil situación de Irlanda, sanear las finanzas del reino, impulsar cierto desarrollo industrial y atender con leyes especiales las necesidades de los campesinos pobres.

Durante su reinado, Inglaterra experimentó un notable renacimiento cultural y artístico, cuyos mejores exponentes fueron la proliferación de teatros populares y el altísimo nivel de la producción dramática. Así, en 1576 se construyó el primer teatro público de Londres, al tiempo que se daban a conocer autores de la talla de John Lyly, dramaturgo titular de la corte, Christopher Marlowe, Ben Johnson y William Shakespeare. En los últimos años de su reinado, Isabel fue perdiendo influencia en el Parlamento, principal fundamento de su autoridad desde que subiera al trono, merced a los avances de los calvinistas, favorecidos por la relajación de la Iglesia Anglicana.

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